Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Qué prisa corre?
—No quiero dejar a deberte nada, caso de que me maten.
Y una burlona sonrisa se dibujó en sus labios.
—A ti no te quiere ni el demonio.
El tabernero cobró, dando la vuelta a Cardona. Este embozóse en su capa.
—Hasta luego, Ramonet. A ver si me tienes preparada una buena cena.
—Adiós, Cardona.
El espadachín salió del establecimiento y aventuróse por las calles que conducían al palacio de Peña— losa.
La noche había cerrado por completo.
La lluvia caía mansamente.
Cuando Cardona llegó a la calle en que se hallaba situado el palacio de doña Beatriz, observó que un hombre, embozado hasta las cejas, se aproximaba con rapidez.
Era don Rodrigo.
—A fin de que no equivoquéis con otra a la persona de que hemos hablado, he venido para, indicárosla.
—Perfectamente.
—Ya no debe tardar en salir.
Con efecto, algunos instantes después, Pepín salió de la casa.
—¿Es ése?-preguntó Cardona con acento seguro.
—El mismo.