Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es la hora que acostumbra a salir del palacio.
—Pues bien pronto va a perder la costumbre.
En los labios de don Rodrigo dibujóse un sonrisa. Hallábase satisfecho.
HabÃa algo en la bizarra exterioridad del matachÃn que indicábale que sus gestiones habÃan de producir mejores resultados que los obtenidos por el Canela y Marcial el Bravo.
El hidalgo Peñalosa se levantó.
—¿Queréis que esta noche vaya a deciros lo que ha sucedido?-preguntó Cardona.
—No hace falta; yo lo sabré.
—Como queráis.
Peñalosa salió de la tasca.
En cuanto al espadachÃn, se aproximó al mostrador, detrás del que se hallaba maese Ramonet.
—¿Ha caÃdo alguna ganga?-preguntóle a Cardona.
—SÃ; doscientos escudos por habérmelas con un se— l ñorito.
—No es mal negocio.
—¡Ojalá los tuviese todos los dÃas!
—Ya lo creo.
Cardona hizo que le sirviesen un nuevo vaso, cuyo contenido apuró de un trago.
—Ahora, maese Ramonet-dijo después, secándose la boca con el dorso de la mano—, cóbrate las botellas que te debo.