Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La prudencia aconsejó al hidalgo Peñalosa que no debía continuar siguiendo a Cardona.
La tranquilidad que revelaba éste era una prueba suficiente para comprender que el espadachín hallábase resuelto a todo.
—Lo que es en esta ocasión-se dijo—, me parece que voy a ver realizados mis deseos.
Y don Rodrigo dirigióse a su casa.
Entre tanto, Pepín, sin sospechar ni remotamente que era seguido, penetró en la hostería de La Estrella de Oro.
El establecimiento estaba lleno de gente.
El joven sentóse.
Un instante después, Cardona se colocó junto a la mesa próxima, e hizo sonar las palmas.
—Tráeme un vaso de vino añejo-dijo el espadachín al hostelero.
—Y a mí un refresco-añadió Pepín.
Cardona fijo sus negros ojos en los del supuesto hijo de la condesa.
Este parecía hallarse muy preocupado.
—Vaya una noche que hace-dijo Cardona después de un momento.
