Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Con efecto-respondióle PepÃn con afabilidad—; no he visto un clima más variable que el de Madrid.
—Por eso yo tengo tantas ganas de perder de vista esta tierra y.de volverme a mi paÃs, donde nunca altera una nube la diafanidad del cielo.
—¿De dónde sois?
—De Jerez.
—Aunque he viajado bastante por España, no he estado en esa ciudad.
—Pues entonces bien podéis decir que nunca habéis visto cosa buena.
—Creo que, en efecto, es muy hermosa.
—Callad; allà todo es hermosÃsimo;— empezando por las mujeres y los vinos, y concluyendo por la vegetación de sus campos.
—¿ Hace mucho que salisteis de aquella ciudad?
—Por mi desgracia, no la piso hace dos años.
—Pero ¿Pensáis volver?
—Qué sé yo. Todo depende de las circunstancias.
En aquel instante, el hostelero llevó a PepÃn y a Cardona lo que acababan de pedirle.
—¿Y vos, ¿sois madrileño?
—SÃ, señor.
—Tampoco es mala tierra, aunque en ella hay muchos vicios.