Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El alguacil AnchÃa, que no le perdÃa de vista, desenvainó su espada.
—Muchachos-dijo a los alguaciles—, vamos tras él; y si hace resistencia, matadle.
Iban a pasar al otro aposento, cuando doña Beatriz, que habÃa oÃdo las palabras de Colasillo, se interpuso en la puerta, cerrando el paso a los alguaciles.
—No, no le matéis-dijo—. Mucho daño me ha hecho; pero al fin es el hermano de mi difunto esposo, y yo juré a éste que jamás atentarÃa contra él.
—Señora, dejadme paso-ordenó AnchÃa—. Ese hombre es un criminal.
—¡Por Dios!
Colasillo la rechazó.
Cuando, seguido de los alguaciles, penetró en la estancia próxima, don Rodrigo habÃa desaparecido.
El hidalgo, siguiendo el ejemplo de Carranza,, habÃase descolgado por la ventana.
Entonces AnchÃa se aventuró con sus satélites hacÃa el zaguán.
Cuantas gestiones hicieron para encontrar al fugitivo fueron inútiles.
No parecÃa sino que al hidalgo Peñalosa se lo habÃa tragado la tierra.