Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿De manera mosén, que vuesa merced no espera que la venida del teniente de gobernador sea en son dé paz, y que no fÃa en un acto de clemencia del rey?
—Dudolo mucho, y hartos motivos hay para dudarlo.
—¿Y entonces él barón de Purroy?...
—Tendrá que habérselas frente a frente con el emisario del rey de Castilla.
—¡Diablo, diablo! ¡Mal negocio! ¿Y el fugitivo?
—Se entrega a la salvaguardia de nuestras leyes, que fueron siempre escudo de los oprimidos.
—Pues entonces, mal año para el lugarteniente y para los que le envÃan!
—Salvo que atropellé por todo a viva fuerza.
—¿Pisoteando nuestros fueros?
—A tal pudieran llegar las cosas...
—No, mosén, no: eso nunca. ¿Qué aragonés podrÃa sufrir con' paciencia? ProtestarÃamos: tenemos derecho.
—Sé burlarán de nuestras protestas.
Murmullos de desagrado envolvieron las afirmaciones del capellán.
—¡Ah! En tal caso, ¡cuerpo de Dios! sabrán quiénes somos los de esta tierra-balbuceó el hidalgo enseñando los puños.
—Lo sabrán-repitió el corro enérgicamente.
—¿Estáis prontos?-pregunté con interesa el clérigo.