Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¡La inquisición! ¡La inquisición!-repetÃa con mal reprimida complacencia el rey.-A la verdad no se me habÃa ocurrido pensar a este medio...Tenéis razón, señores: una fundada acusación de herejÃa pondrá al reo en nuestras manos... Ya veremos si ese traidor burla también la sagrada y terrible justicia del tribunal de la fe. Desde ahora os afirmo que no olvidaré tan prudente consejo, por si llega el caso de utilizarlo. Por de pronto, dejemos ultimados los pormenores de la querella; que so ha de entablar ante la justicia de Aragón, sin descuidar el prepararnos a todo evento, para que, por uno u otro medio, quede pronto satisfecha nuestra justicia y confundida traición.
Después de este diálogo, que revelaba las terribles disposiciones de nuestros tres personajes contra el malaventurado Pérez, rey y consejeros continuaron por largo rato ultimando los perfiles de la querella proyectada, y de las instrucciones que en pérdida de tiempo se creÃa necesario enviar al fiscal de su majestad en Aragón y al marqués de Almenara, para que aquélla prosperase antes que el tribunal del justiciazgo absolviese al fugitivo y le devolviese la libertad.
Si en aquel momento se hubieran podido penetrar las intenciones secretas, más o menos arteramente disimuladas, de los tres interlocutores, habrÃas estremecido el ánimo más sereno.