Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Aunque no versado en los negocios de Estado y cu las intrigas cortesanas como su amigo, su admirable instinto natural le decía que sólo cuando viera hechos tangibles y positivos debería fiar y creer en las disposiciones del rey.
Las apariencias, lejos de seducirle, le producían una inquietud de cuyo origen él mismo no se daba cuenta.
—Verdad es que, como él andaba siempre husmeando y siguiendo los pasos á Almenara y á sus auxiliares, y hasta había logrado conquistarse la confianza de alguno de sus agentes subalternos, tenía ciertos motivos para sospechar que el rey jugaba á dos cartas, y se decía para su ánima, que aquello tarde ó temprano iba á tener una salida poco agradable y á, parar en mal.
Y ni Antonio Pérez ni todo un concilio de obispos habrían logrado convencerle de lo contrario.
¡Parecía que el demonio de la duda 88 le había entrado en el cuerpo!
* * *Convencido definitivamente el marqués de Almenara, por su última conferencia con don Juan de Lanuza, que en el anterior capítulo hemos descripto, de que nada le quedaba que esperar por ese lado para la ejecución de sus planes, creyóse obligado ¿ dar cuenta á su amo de tan interesante incidente y á pedir en consecuencia nuevas instrucciones.