Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Cuando llegaron a la cárcel del reino, renováronse los vítores y las sinceras muestras de afecto de aquellos aragoneses, cuya energía acababa de obtener, tan señalado triunfo sobre sus astutos enemigos.
Al echar pié a tierra el antiguo privado de Felipe II, rodeóle Lah multitud entusiasmada, y de varios lados le gritaron:
—Señor Antonio Pérez, mientras estuviereis en la cárcel, asomaos tres veces cada día a la ventana para que os podamos ver.
—No lo olvide vuestra merced-añadió don Pedro de Sesé—, para que el pueblo tenga la seguridad de que está ahí y que no nos han hecho un nuevo agravio, con mengua y quebranto de nuestras libertades...
—Así será-contestó Antonio Pérez.
Y volviéndose hacia la multitud, antes de trasponer el umbral de la cárcel, dió un fervoroso ¡ viva! a Aragón, que fué contestado por millares de voces con frenético entusiasmo.
Pérez y Mayorini quedaron de nuevo bajo la salvaguardia del justicia mayor y al amparo de los fueros del país.
Ellos mismos no se daban cuenta de tan súbita mudanza, cuando más perdidos se creían.
Gil de Mesa lloraba de alegría.
El virrey don Jaime Ximeno se retiró a su palacio, respetuosamente saludado por todos.