Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Molina de Medrano contemplaba aquella escena tras una de las celosÃas del palacio de la AljaferÃa, y apretaba los puños como una amenaza muda al pueblo que le acababa de arrebatar su presa.
¡Qué dirÃa su católica majestad cuando se enterase de aquellos acontecimientos!
¡ Y para eso era él inquisidor de Aragón!
Montaron el ex secretario de Estado, el virrey y Mayorini en el coche que les aguardaba, y tomaron el camino de la cárcel de la Manifestación.
Como Antonio Pérez yendo sentado no estaba al alcance de las miradas de toda aquella apiñada muchedumbre que les servÃa de escolta, pidió el pueblo verle repetidas veces.
Entonces el virrey, para calmar las suspicacias de los que aún pudieran temer un engaño o una supercherÃa, dÃjole que se pusiese en pie para que todos pudiesen verle desde lejos y tener la seguridad de que iba a su lado.
De esta manera tuvo que ir Antonio Pérez hasta la Manifestación.
El pueblo le llevaba como en triunfe.
Aquellos momentos debieron resarcirle dé gran parte de sus pasadas amarguras, y sobre todo de las terribles angustias de aquel dÃa, en qué tan rudas pruebas habÃa sufrido.