Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Pronto llegaron a noticia de Felipe II las nuevas de los sucesos de Zaragoza.
Aquella resistencia armada y enérgica del pueblo que, a la verdad, no esperaba, le puso fuera de sí.
A pesar de su frío carácter, dió rienda Suelta al enojo, y juró tomar venganza de tales agravios.
Lamentó la desastrosa muerte de Almenara, cómo él solía lamentar sucesos análogos.
Más que al amigo y servidor leal-que, al fin, para él lo fué muy mucho don Iñigo de Mendoza—, sintió haber perdido al astuto ejecutor de sus planes, que tan diestramente había preparado el camino de sus inexorables venganzas.
¡Que tal era aquel rey, a quien, no sin algún motivo, llegaron a apellidar los extranjeros el demonio del Mediodía!
En seguida llamó a sus consejos a los indispensables fray Diego de Chaves y a Vázquez.
—¡Ya veis-les dijo, después de darles cuenta minuciosa de lo acontecido—; ya veis cómo se me ponen frente a frente los aragoneses! Esto es hecho: no puedo devorar tales agravios sin tomar de ellos venganza.
—Graves son ciertamente estos síntomas-dijo preocupado el presidente de Hacienda.
