Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¡Burlar de esa manera los decretos de la Santa Inquisición! ¡ Esto es inaudito! ¡ No puede quedar impune osadÃa tal! —agregó fray Diego de Chaves con gran ardor.
—Estamos, pues, en el caso de proceder enérgicamente.
—No admite duda-opinaron los dos consejeros.
—Antonio Pérez no ha de escapársenos; es preciso, de consiguiente, que vuelva cuanto antes a manos de la Inquisición.
—Pero convendrÃa-objetó Vázquez inclinándose profundamente—, convendrÃa proceder tan hábil y secretamente, que se eviten nuevos desórdenes, que podrÃan ser más transcendentales ahora.
—La prudencia es también mi norma-dijo el rey.
—Fuerza es buscar términos de concordia para facilitar la armonÃa entre los privilegios de la Inquisición y los fueros aragoneses.
—¿Lo cree asà vueseñorÃa?-interrogó el padre Chaves.
—De otro modo, dudo que obtengamos sin turbulencias el fin qué anhelamos.
—DecÃs bien, Vázquez-afirmó Felipe II—. Desde ahora os encargo de meditar los medios de conseguir esa aparente conciliación para ejecutarlos al punto. Después que alcancemos la prisión de Antonio Pérez, ya será otra cosa.