Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —En verdad se hace necesario dar fuerza a la Inquisición y devolverle en Aragón el prestigio que ahora acaba de quebrantarse dolorosamente en daño de nuestra santa fe-observó el fraile calificador.
—Se hará así; no. lo dude vuestra paternidad.
—¡Oh! de seguro-agregó Vázquez.
—En cuanto a los aragoneses-prosiguió el rey, conteniendo a duras penas su indignación—, parece— me que habremos de apelar al medio heroico que ha más de un año, ¡ bien lo recuerdo! apuntasteis vos, Vázquez.
—(El de la fuerza, sin duda, querrá decir vuestra majestad?
—Precisamente. —Y tengo el honor de insistir en ello... Mas si vuestra majestad me lo permitiese, me atrevería a hacer una observación... —Hablad, mi buen presidente. —Ya hemos visto cómo los aragoneses las han; y si en tan ruines negocios, tan adelante llevan su terquedad, tengo para mí que ofrecería graves dificultades una insurrección general por más altas causas. No temo el hecho en sí; pero, salvo el parecer augusto de vuestra majestad, paréceme debe pesarse bien el pro y el contra.
—Poderosas razones tendrá vuesa merced para pensar con esa cautela-se permitió insinuar el confesor del rey.
—A ver, explicaos, Vázquez-exclamó don Felipe.