Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Se hará como mande vuestra señorÃa.
—Esta noche os apostaréis con vuestra compañÃa de arcabuceros en el cuerpo de guardia que tenemos establecido junto a La Seo, frente al palacio de la diputación del reino. Procurad ejecutarlo sigilosamente, y guardad allà con disimulo vuestra fuerza... ¿entendéis?
—Está bien, mi general.
—Mañana, cerca de las doce, saldrá don Juan de Lanuza de su tribunal con sus lugartenientes y oficia— les para ir a misa. En el momento en que pise la calle le saldréis al paso con vuestra fuerza y le intimaréis en nombre del rey que se dé a prisión.
—Nunca intervine en función de guerra tan solemne, y no sé cómo pagar a vuestra señorÃa el alto honor que me dispensa, confiándome la de que se trata.
—Para ocasiones como éstas son los leales como vos, capitán.
Velasco se inclinó profundamente en señal de reconocimiento.
—No hagáis caso si protesta-prosiguió don Alonso de Vargas—. Aseguraos bien de su persona, y entre las filas de vuestros soldados traédmele a este mi alojamiento. Si los que le acompañan protestan, apoderaos también de ellos v traédmelos atados a todos.
—¿ Y si se resisten y hacen armas?-preguntó el capitán.