Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Doña Juana Coello, que no sospechaba m remotamente las revelaciones que Antonio Pérez acababa de hacer a su amigo respecto a sus amores con la princesa de Eboli, dirigió a su esposo una dulce mirada.
—Antonio mÃo-dijo después, tomando una de las calenturientas manos del enfermo—; estás muy pálido, y voy a retirarme de nuevo a la estancia próxima a fin de que descanses un rato.
—No, Juana, no te alejes.
—Temo que la conversación te perjudique.
—Lo que te ruego es que me traigas recado de escribir.
—Te fatigarás.
—No lo creas; necesito dirigirme al rey manifestante lo que tanto tú como mi paisano Enriquez, me aconsejáis; esto es, que mi deseo en rendir pleito homenaje de amistad a Mateo Vázquez, prometiéndole que yo ni ninguno de los mÃos le haremos el menor agravio si —i obtengo la libertad.
Doña Juana, al oÃr estas palabras, púsose en pie, e inmediatamente llevó a su esposo lo que acaba de pedirla.
Antonio Pérez escribió con mano trémula algunas breves lÃneas.
