Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¡Ah, señor! Os lo explicaré; pero antes creo oportuno que conduzcamos al herido a un lugar donde puedan hacerle la primera cura. Este pobre joven está expirando.
Entonces don Alonso de Santibáñez se apeó, aproximándose a don Luis de Acebedo para examinar la herida.
—Dame mi botiquÃn-ordenó al criado.
—¡ Ah, caballero! ¿ Acaso sois médico?-preguntó Mauricio.
—SÃ-respondió el interpelado.
—Entonces no me cabe la menor duda de que la Providencia es la que aquà os guÃa.
El criado de Santibáñez entregó a su señor una E caja.
Don Alonso la abrió, sacando de ella un pequeño pomo, hilas y una venda.
Después de examinar bien la herida, empapó las hilas en la substancia que encerraba el pomo.
Mauricio contemplaba todas estas operaciones con el mayor interés.
Verdad es que desde que vió al hijo de la condesa de Peñalosa sintióse atraÃdo hacia él por ese dulce lazo que llaman simpatÃa.
El doctor, después de colocar las hilas en la herida, venció el pecho del joven.
—¿Qué opináis, señor?-preguntóle el rapaz, no pudiendo contener su impaciencia.