Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Por lo menos, yo no vi a nadie.
—Sin embargo, don Rodrigo iba acompañado de dos hombres, y en el desván se hallaba Mauricio, que es el rapaz que os salvó.
—¿De manera que presenciarÃa todo lo que sucedió?
—.Todo, don Luis.
—¡Ah! ¡Nunca olvidaré la infamia que cometió conmigo don Rodrigo!
—Afortunadamente no ha logrado su objeto, y en breve hallaréis ocasión de pagarle la deuda.
—Desde luego. No me consideraré dichoso hasta vengarme.
—Don Luis, aunque mi corazón raras veces comprende que se guarde rencor aun a aquellas personas que nos ofendieron, en las circunstancias actuales me explico perfectamente que obréis con energÃa.
—¡Lo haré, doctor, lo haré!
—Bien claro testimonio habéis recibido de lo que es ese hidalgo. Se comprende que un hombre cometa los mayores crÃmenes bajo el impulso del amor contrariado; pero nunca por el ruin aprecio de un tÃtulo y unas riquezas que el ilustre esposo de vuestra madre no quiso en manera alguna que pasasen a sus manos.
—Es verdad, doctor. Yo, al mismo tiempo que recibà la carta en que mi madre me daba cuenta del fallecimiento de don Pedro y de las últimas disposiciones de éste, recibà otra de don Rodrigo.