Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Qué os decÃa el hidalgo?
—Encargose mucho, después de darme su enhorabuena, que no dejase de pasarme por una casa que poseÃa en las inmediaciones de Aranjuez, pues necesitaba hablarme y decirme cosas de suma importancia.
—¡Qué infamia!
—Yo, como comprenderéis, no imaginé ni remotamente cuáles eran sus inicuos planes. Es verdad que jamás creÃa que la ambición cegase a los hombres de ese modo.
—¡Ah,, don Luis! Únicamente vuestra juventud disculpa vuestra Candidez. El brillo del oro es el que más deslumbra los ojos de los humanos.
—Yo, por mi parte, os confieso que miro ese metal con la mayor indiferencia.
—Pero, por desgracia, es muy reducido el número de los que asà piensan.
—No os refiero lo demás, supuesto que ya tenéis noticia de ello.
—Con efecto, don Luis. Pero, decidme, ¿vos conservaréis la carta que os escribió don Rodrigo?
—SÃ, la tengo en mi escarcela.
—¿ En s vuestra escarcela?
—SÃ.
—En ese caso, ese miserable os la arrebató.
—¿ Es posible?