Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Santibáñez salió de la estancia.
Un momento después penetraba de nueve en ella, seguido del hermano de Juan Sinmiedo.
El rapaz, al ver al herido, en cuyo rostro te advertía una gran animación, sintió que el júbilo brotaba en su alma.
Don Luis le alargó su mano.
El rapaz dudó en estrecharla.
—Ya sé por el doctor Santibáñez lo mucho que te debo. Favores hay en el mundo que no pueden pagarse con nada por la importancia que tienen, y el que me has hecho es de esa naturaleza.
—¡Ah señor!-dijo Mauricio—; yo no he hecho más qué cumplir con un deber. ¿Había de dejar que murieseis como un perro en aquella cueva? Si alguna recompensa merezco, ya os diré cuáles son mis únicas aspiraciones cuando estéis completamente restablecido.
—Dímelas ahora.
—Este rapaz-dijo Santibáñez—, desea pertenecer a vuestra servidumbre.
—¿ No más que eso?
—¿Os parece poco, señor?
—Yo te prometo que siempre estarás a mi lado, no como un servidor, sino como un amigo.
—¡ Ah, señor, cuánta bondad!