Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Por el pronto, debéis procurar que nada altere vuestra tranquilidad. Aun suponiendo que don Rodrigo disfrutase algún tiempo el condado de Peñalosa, único móvil que le indujo a cometer su crimen, desde el momento en que os presentéis en la corte no tiene más remedio que haceros entrega del tÃtulo.
—No creo que Peñalosa haya obtenido tan pronto el condado.
—Es muy posible.
—Como comprendéis, doctor, necesitaba haberle probado a mi madre mi muerte para que no se diese cumplimiento a la postrera disposición de don Pedro.
—Es natural.
—Y don Rodrigo, a fin de que no recaigan sospechas sobre él, esperará a que pase algún tiempo.
—Yo de todas maneras creo conveniente que enviemos a Madrid a Mauricio. Ese pobre muchacho se ha interesado mucho en todo lo que con vos se relaciona.
—¿Y con qué objeto queréis enviarle a Madrid?
—Supuesto que don Rodrigo de Peñalosa no le conoce, nada más fácil para él que adquirir noticias de lo que haga respecto a un asunto que tanto os interesa.
—Es cierto, doctor.
—Ahora, como comprenderéis, mientras no hayáis recuperado la salud, es de todo punto imposible que os pongáis en camino. Esto podrÃa ocasionaros una recaÃda.
—Llamad, pues, a Mauricio; deseo ver a mi salvador.