Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿ No ha muerto?
—No.
—¡Ah, padre; casi no me atrevo a dar crédito a lo que decÃs!
—No lo dudes.
- ¿ Os ha escrito, acaso?
—No; le he visto.
—¿Vos?
—Yo, hija de mi alma.
Luz se arrojó en los brazos de don Lope, y, apoyando en su hombro su linda cabeza, derramó lágrimas de alegrÃa.
—¿ Y dónde está?-preguntó luego.
—Don Luis está aguardándote en la próxima habitación.
La joven, al oÃr esto, púsose súbitamente en pie y salió del aposento, seguida del anciano.
Al ver a Acevedo precipitóse en sus brazos.
—¡Ah, Luis de mi alma!-exclamó la hija dé Ibáñez con alegrÃa—. Dime, dime, ¿ha qué debo la ventura de verte cuando te creÃa muerto?
—¡Dios no ha permitido que nos separemos, herniosa Luz de mi alma!
—Pero, ¿ cómo no me escribiste? ¿ Has estado enfermo? La palidez que cubre tu rostro, me lo asegura.