Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¿Vino el doctor Santibáñez?-preguntó al herido.
—SÃ, ha estado examinándome la herida, y me ha dado grandes esperanzas de curación.
—Ya te lo dije: ese hombre es un sabio.
—Y muy cariñoso.
—Nunca olvidaré lo mucho que ha hecho por mà durante el tiempo que he permanecido en su casa.
—Ahora, Luis, voy a hablarte de un asunto que antes olvidé tratar contigo.
—Cuanto quieras. Lo único que te ruego es que no té esfuerces mucho, pues esto te perjudicarÃa.
—No temas. Dicen que la tranquilidad del alma influye sobremanera en las dolencias fÃsicas, y nunca tanto como ahora he podido convencerme de esta inmensa verdad. Parece que la calentura que me devoraba ha disminuido de una manera considerable, y que hasta advierto menos los dolores de la herida.
—¡ Pobre hermano mÃo!
—Tú no puedes imaginarte lo mucho que sufrà durante mi perÃodo de prosperidad. SabÃa que todas las riquezas que me rodeaban no eran mÃas.
—Pero ahora lo son, porque al pertenecerme a mà son igualmente tuyas.
—Gracias, Luis.
—No sabes lo mucho que deseo que estés bueno. Entonces iremos juntos a todas partes.