Roberto el pirata o el nieto del diablo

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CAPITULO LXXXIII

Donde vuelve a aparecer don Rodrigo de Peñalosa

Dejemos, por ahora, a.os recién casados y a Lucía y Pepín haciendo dulces proyectos de ventura, y volvamos a don Rodrigo de Peñalosa, a quien, como recordará nuestros lectores, dejamos huyendo de las persecuciones del alguacil Anchía y los corchetes de su ronda., Don Rodrigo quedóse mudo de espanto al ver entrar en casa de la condesa a Mauricio, a quien* como nuestros lectores saben, creía uno de sus más fieles criados. No le sorprendió menos la presencia de Anchía y de Carranza.

Pero lo que no podía explicarse, era que don Luis de Acebedo no hubiese muerto.

No dudó, sin embargo, un instante, que aquel joven era el mismo a quien hirió en la venta de las cercanías de Aranjuez.

Don Rodrigo arrojóse por una ventana que se hallaba próxima a la calle, y emprendió a correr por una calleja solitaria, como la liebre que se ve perseguida por los perros.

De poco le hubiera servido este recurso si doña Beatriz no se hubiese interpuesto delante de Anchía, recordando la promesa que había hecho a su difunto esposo de no permitir que a su hermano se le infiriera el más pequeño agravio en su casa.

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