Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —De todas maneras, no he perdido la esperanza de dar con él, pues iba perfectamente atado, y no puede haber ido muy lejos.
—Es cierto.
—Si tengo la suerte de hallarle, yo le diré cuántas son quince, y no le dejaré en condiciones de que vuelva a hacer otra de las suyas.
Don Rodrigo, aunque acababa de saber el objeto de Calabrote y los cuadrilleros, no se hallaba muy satisfecho con la compañÃa de aquellos hombres; asà es que se levantó y aproximóse a la ventera,
—He pensado,-la dijo,-que supuesto que no tenéis habitación para que duerma con alguna comodidad, me conviene proseguir mi viaje.
—Como queráis, señor; pero la noche está muy mala.
—No importa; tengo una buena manta con que abrigarme. Cobraos, pues.
Y Peñalosa puso en las manos de la asturiana una moneda de oro.
La ventera le dió la vuelta.
Entonces don Rodrigo despidióse de Calabrote y sus compañeros, saliendo de la casa.
Antes de montar en su corcel deslió su manta.
La nieve caÃa en gruesos copos.