Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Peñalosa, sin arredrarse del temporal, puso el pie en el estribo, y un momento después aventurabas por una estrecha senda.
Es necesario conocer la localidad en que se hallaba don Rodrigo para que no sorprenda lo fácil que es perderse aun durante el día.
Peñalosa comprendió desde luego este peligro; y a fin de preservarse de él, decidió no alejarse mucho de las cabañas que poblaban las alturas.
Nada más fácil de conseguir, porque éstas se hallaban alumbradas y sus luces despedían pálidos reflejos que accidentaban la monotonía de las sombras.
Aquel era el único indicio de vida que se advertía, pues el bosque se hallaba solitario y lóbrego.
—¡Maldito temporal! — exclamé el hidalgo;— pero a pesar de sus molestias, prefiero hallarme aquí a permanecer en la venta con los cuadrilleros!.
¡Vaya un susto que me llevé al verlo entrar! ¡Me pareció que iban en busca mía! Afortunadamente me he equivocado, y creo que llegaré a la Coruña, sin ningún contratiempo.
Habiéndose estas consideraciones, el jinete había dejado que su corcel perdiese la senda, y al volver de su abstracción hallóse en un sitio cercado da gigantescas hayas, que elevaban hasta las nubes sus ramas cubiertas de nieve.