Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —La desgracia, señor, que muchas veces se ceba en los hombres de bien, sin duda porque Dios quiere probar sus virtudes de este modo. VenÃa de La Coruña a lomos de una yegua, cuando de pronto vi aparecer dos hombres que me amenazaban con sus pistolas. Yo, entonces, comprendiendo que eran dos bandidos, les entregué una bolsa en la que llevaba algunas monedas de oro; pero, no satisfechos con esto, me obligaron a apearme, y después de apoderarse de la caballerÃa y cuanto llevaba en las alforjas, me ataron del modo que veis.
—Proseguid,-dijo Peñalosa sonriendo maliciosamente al ver el descaro con que el hidalgo Montiño mentÃa.
—Apenas se alejaron aquellos criminales empezó a nevar. No parecÃa sino que hasta la naturaleza conspiraba contra mÃ. Inmediatamente cubriéronse los senderos bajo una sábana de nieve; y como habÃa mucha niebla no podÃan mis ojos descubrir ninguna choza donde refugiarme. En una palabra, me perdÃ. Yo no dejaba de dar vueltas a un lado y a otro, Llegó la noche. Los aullidos de los lobos erizaron mis cabellos. Ni siquiera podÃa valerme de los brazos, pues ya veis cómo me ataron esos miserables.
—Y entonces, ¿qué hicisteis?
—Seguà andando al ocaso, cuando de pronto note que me faltaba la tierra,
—¿Y caÃsteis en esa barranco que se hallaba cubierto por la nieve?