Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Nunca aunque pasen muchos años, se me olvidará el inmenso favor que acabáis de hacerme.
—Ahora, hablad.
—Si que lo haré con entera franqueza. Ante todo, sabed que me llamo Montiño y soy hidalgo. No puedo negaros que tuve la desgracia de caer hace poco en manos de la justicia, que me perseguÃa hace tiempo. Además de un buen número de cuadrilleros, me vigilaba un viejo marino, llamado Calabrote, que me profesaba el odio más profundo por más que no le he hecho nunca el menor agravio. Calabrote no me ha abandonado ni de noche ni de dÃa; es seguro que no hubiese vigilado con mayor interés a su mayor enemigo. Durante el dÃa caminábamos, y cuando se ocultaba el sol nos recogÃamos en alguna venta.
El dÃa anterior habÃa sido muy rudo; pues además de recorrer muchas leguas, el tiempo estaba muy revuelto y la intensidad del frÃe anunciaba una próxima nevada. Con efecto, antes que nos refugiásemos en un ventorro, empezaron a caer gruesos copos.
Al espirar la tarde estábamos calados hasta los huesos. El tránsito por la montaña se hacÃa de todo ponto imposible.