Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¡Por Dios, caballero, cortad estas cuerdas! ¡No parece sino que me hallo en el potro inquisitorial, según lo que me lastiman!
—Impulsos siento de dejároslas, aunque no sea más que por la poca franqueza que tenéis con el hombre que os ha sacado de tan penota situación.
Las mejillas de Montiño palidecieron.
—¡Qué decÃs!-exclamó después de un instante.
—Me consta que cuanto me habéis dicho es falso.
—Caballero, yo os aseguro...
—Basta. Si me hubiéseis dicho que caÃsteis en esa trampa huyendo de los cuadrilleros que os conducÃan por estos lagares, os hubiese dado más crédito.
—¿Luego lo sabéis?
—Lo sé todo; y a fe que aun ignoro si os entregare de nuevo a las manos de la justicia.
El hidalgo Montiño, al oirá estas palabras, cayó de rodillas delante de don Rodrigo.
—¡Por Dios, caballero! —exclamó,-os suplico que tengáis compasión. Ya véis que me hallo inerte y hasta imposibilitado de hacer uso de las manos; sed generoso y os diré la verdad.
Peñalosa desnudó, su espada, y aproximándose a Montiño, cortó las cuerdas que habÃanle hecho fuertes equimosis.
—El cielo os premie,-dijo Montiño,