Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es posible que Pérez las hiciese pedazos después de leerlas, no sospechando que algún dÃa habÃan de servirle.
—No lo creo.
—De otra manera no se comprende no haberlas; hallado ni en su casa ni en la prisión.
—Puede haberlas entregado a alguna persona.
—Comprended, fray Diego, que hay ciertas cosas que no se confÃan tan fácilmente.
El confesor del rey se quedó pensativo.
Luego preguntó:
—¿Y creéis que si Pérez continúa en la casa de Don Alvaro...?
—Seguramente la postración moral en que se encuentra le conducirá a la tumba.
—Es necesario que antes que eso suceda, las cartas del monarca se hallen en nuestro poder.
—Per mi parte, si queréis, haré nuevas gestiones; pero creo que todo es completamente inútil.
—Seguid visitando a Pérez, y si encontráis una ocasión propicia de hacer una nueva tentativa...
—La aprovecharé.
Don Alonso se despidió de fray Diego, dirigiéndose a su estancia.
En ella esperábale Jacobo de Escobedo.
Santibáñez, al ver al joven, palideció.