Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo El tío Lucas inventó todo género de calumnias. Pero es lo cierto que los viajeros encontraban en casa de maese Espinosa más variedad y mejor condimento en los manjares, un vino con menos cantidad de agua, y unas habitaciones con lechos limpios; sobre todo, sin los insectos nocturnos que hacían de la posada una sucursal de infierno.
Además, para asegurar su triunfo, maese Espinosa sacó el Cristo, esto es, los pasteles; cosa desconocida hasta entonces en Madrigal.
No fué menester más para que la posada que dará desierta.
El hostelero aumentó su parroquia con el convento de las agustinas.
No se celebraba fiesta ni boda en el pueblo y los limítrofes, en los que maese Espinosa no contribuyese a su esplendor con aquello que formaba su especialidad.
El tío Lucas tuvo que contentarse con los arrieros.
Las personas de distinción que pasaban por Madrigal elegían la hostería.
El despecho fue sustituido por el odio, y el tío Lucas juró por los manes de toda una generación de posaderos que constituían su familia, no descansar un momento hasta reducir a la miseria a los propietarios de la hostería, quo por medio de una cosa tan fútil y miserable como un pastel, habían labrado su ruina.