Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Chocaron, según costumbre entre buenos bebedores, y después de desearse buena noche, el fraile y el capitán se separaron del hostelero.
El primero invitó al segundo a entrar en su habitación; luego que cerró la puerta, exclamó en voz bastante alta, haciendo a su amigo una seña particular;:
—Es un alma honrada la de maese Espinosa.
Y conociendo que el capitán iba a protestar, prosiguió:
—Por más que contraría nuestros propósitos de labrar la felicidad del país que nos vio nacer. Cree ver obstáculos en todas partes, cuando en realidad no existen; la flor de la nobleza cayó en Alcazarquivir; por consecuencia, la corte es hoy nueva casi toda; se compone de los hijos de aquéllos... Y estando nosotros a su lado para aleccionarle, nadie podría cogerle en un renuncio. ¡ Oh! ¡Cuántos días de gloria podríamos dar a Portugal!
El capitán Báez le miraba atónito; creía que a verse a solas fray Miguel hubiera dado a todos los diablos a maese Espinosa y a todos los pasteleros que pudiera haber con el tiempo en Madrigal.
Y, por el contrario, le llamaba alma honrada.
Después de algunos segundos, fray Miguel abrió la puerta del aposento, y examinó el pasillo.
No había nadie.
Luego prosiguió en voz baja: