Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es lo menos que pueden hacer con el hombre que le va a engañar a todo un reino; pero descuidad, todo saldrá a pedir de boca.
—Dios os oiga.
—Ahora es preciso que me obedezcáis en un todo, sin que os metáis a discutir lo que yo os proponga.
—Os obedeceré.
—En primer lugar, es necesario que no figuréis para nada en la hosterÃa; dejad ese cuidado a la señora Catalina, de quien no sois más que un huésped.
—Corriente.
- ¿ Qué clase de relaciones os unen con esa respetable señora?
—Las de amistad; una amistad antigua-exclamó maese Espinosa, enrojeciendo ligeramente.
—¿Es decir, que no es vuestra mujer?
—No tal,
—Tanto mejor: creo.inútil advertiros que no debe saber nada de lo que pasa; serÃa peligroso. Las mujeres tienen cierta propensión a echar a perder los negocios de los hombres. La historia nos presenta mil ejemplos de esto que os digo.
—Catalina es discreta.
—No importa; más ha de serlo no sabiendo nada. En fin, yo cuidaré de todo, puesto que no me separaré de vos.