Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es necesario partir inmediatamente a Portugal.
—¿Y doña Ana? Si la abandonamos, puede intervenir el rey su tÃo... y seguramente no será en mi favor.
—También he pensado en ello. Doña Ana saldrá con nosotros...
—Pero, ¿consentirá?
—¿Qué inconveniente puede tener en seguir al hombre que va ser su marido?
—Las que no consentirán de fijo son las monjas.
—Pero como no hemos de contar con ellas.
—¡Ahà ¿Un rapto?
—Precisamente. Daremos al asunto un carácter parecido al del casamiento de don Fernando de Aragón con Isabel la Católica.
—¡Fray Miguel, por Dios!... la cosa es grave. Yo no soy infante.
—Es verdad; pero sois rey: la ventaja esta de vuestra parte.
—En fin, acabad de explicar vuestro proyecto. —Todo está dispuesto; me he tomado esa libertad contando con que no hallarÃa oposición por vuestra parte.
—¡Siempre hacéis lo mismo!-replicó Gabriel Contrariado, al ver que se le tenÃa en tan poco.
—¿No quedamos en que yo tendrÃa carta blanca en este asunto?
—SÃ, sÃ; proseguid.