Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Advertid que de una mujer no hay nadie que responda.
—¡Cuando esa mujer se llama Catalina!...
—Llámese como se quiera, es siempre un peligro, y yo debÃa haber pensado antes de ahora en deshacernos de él.
—Espito...
—En fin, es una de las cosas que debe precipitar más mi resolución; y para ello venÃa a entenderme con vos.
—¿Tenéis algo que decirme? Hablad.
—Hoy he tenido carta del capitán Báez,
—¿Y qué dice?
—Que ha llegado el tiempo de obrar. Vuestros partidarios de Portugal se impacientan, y les parece extraña vuestra parsimonia en presentaros. Por otra parte, Felipe II, que ve que el reino puede escurrÃrsele de entre las manos, derrama el oro y multiplica sus agentes para convencer al pueblo de que es vÃctima de una supercherÃa. Además, no faltan aquà también personas enviadas por él para sorprender nuestros manejos y tendernos un lazo.
Todo esto hace necesario que nos apresaremos a obrar y no dejemos que se nos vaya la ocasión,
—También yo creo lo mismo. Cuanto antes.,.
—Ved lo que he pensado.
—Ya os escucho.