Cartas a Milena
Cartas a Milena Milena había nacido en 1896 en el seno de una familia de la alta burguesía checa. Alumna de un colegio de élite femenino, tuvo una sólida formación escolar, que se intensificó, por deseos del padre, al morir a la edad de dos años el único hijo varón de la familia. La madre enfermó pronto y murió cuando Milena, quien, por expreso deseo del padre, durante tres años hubo de cuidarla cada día al volver del colegio, tenía dieciséis años. Muerta la madre, Milena, hasta entonces una jovencita dócil y aplicada, se transformó en todo lo contrario: gastaba sin medida, falsificaba la firma del padre para sacar dinero del banco, robaba cocaína de la consulta del padre (catedrático de odontología), tenía innumerables aventuras amorosas y a los 21 años ya había abortado dos veces. El padre, nacionalista y antisemita, detestaba a los alemanes y más aún a los judíos. Y su hija abandona la carrera de medicina y se enamora justamente de Ernst Pollak, judío de Praga, conquistador empedernido y de pocos recursos económicos aunque de enorme prestigio en el mundo literario. Eso fue el límite de lo que podía soportar Jan Jesenský: como la hija era todavía menor de edad, la encierra en un sanatorio psiquiátrico, y allí pasa Milena nueve meses sin dar su brazo a torcer hasta que el padre cede y le permite que se case con Pollak, a condición de que ambos se marchen de Praga. Pollak, que trabaja en un banco, encuentra empleo en Viena y allí se trasladan ambos en 1918, unos meses antes del final de la Gran Guerra.
