Cartas a Milena

Cartas a Milena

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Por esas fechas, y sobre todo en los años posteriores a la derrota, Viena, hasta entonces capital del imperio austro-húngaro, se encontraba en una situación catastrófica: los pocos víveres a los que se tenía acceso eran carísimos, el sueldo de Ernst Pollak no bastaba en absoluto para vivir los dos y Milena, que no era un modelo de ama de casa, gastaba sin control hasta que, finalmente, se vio obligada a buscar trabajo. Hizo de todo: transportaba equipajes de la estación a los hoteles, cortaba leña y la vendía, a veces daba clases de checo. El marido, por otra parte, seguía con sus innumerables aventuras amorosas, que no ocultaba a su mujer (ésta dice, como de pasada, a Max Brod en una carta reproducida en este volumen, «mi marido me es infiel cien veces al año»). La vida del matrimonio fue convirtiéndose en un infierno, pese a lo cual Milena, que a su manera seguía enamorada de su marido, no pensaba en separarse. A finales de 1919 decidió escribir reportajes sobre la vida de Viena para un diario praguense, Tribuna. Tuvo éxito, poco a poco los reportajes se publicaban con regularidad y Milena empezó a disponer de unos ingresos mínimos, que sin embargo no bastaban en absoluto para vivir.





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