Contemplacion
Contemplacion Yo estaba invitado; ya se lo había dicho una vez. Pero invitado a entrar en esa casa, donde tantos deseos tenía de entrar, y no a quedarme allí, ante la puerta, mirando más allá de la oreja de mi interlocutor, ni a guardar silencio como si hubiéramos decidido quedarnos eternamente en ese lugar. Ya compartían ese silencio las casas que nos rodeaban, y la oscuridad que de ellas ascendía hasta las estrellas. Y los pasos de algún transeúnte invisible, cuyo destino uno no sentía deseos de investigar; el viento, que azotaba insistentemente el lado opuesto de la calle, un gramófono, que cantaba detrás de la ventana cerrada de alguna habitación… todos querían participar de este silencio, como si les hubiera pertenecido para siempre.
Y mi acompañante se suscribía en su nombre, y después de una sonrisa, también en el mío, extendiendo hacia arriba el brazo derecho, contra la pared, y apoyando la cara contra ella, con los ojos cerrados.