Contemplacion
Contemplacion —Volad lejos de aquÃ; vuestras alas, que nunca pude ver, os llevarán tal vez al valle pueblerino, o hacia ParÃs, si allá queréis ir.
»Pero aprovechad para mirar por la ventana, cuando llegan las procesiones por las tres calles convergentes, sin darse paso, y se entrecruzan para volver a dejar la plaza vacÃa, cuando las últimas filas se alejan. Agitad vuestros pañuelos, indignaos, emocionaos, elogiad a la hermosa dama que pasa en coche.
»Cruzad el arroyo por el puente de madera, saludad a los niños que se bañan, y asombraos ante el «¡Hurra!» de los mil marineros del acorazado distante.
»Seguid al hombre inconspicuo, y cuando le hayáis acorralado en un zaguán, robadle, y luego contemplad, con las manos en vuestros bolsillos, cómo prosigue su camino tristemente por la calle de la izquierda.
»Los policÃas, galopando dispersos, frenan sus cabalgaduras y os obligan a retroceder. Dejadles, las calles vacÃas les desanimarán, lo sé. Ya se alejan, ¿no os lo dije?, cabalgando de dos en dos, lentamente al volver las esquinas, y a toda velocidad cuando cruzan la plaza.
Y entonces debo salir del ascensor, mandarlo hacia abajo, hacer sonar la campanilla de mi casa, y la criada abre la puerta, mientras yo la saludo.