Contemplacion
Contemplacion Cenaba a la luz de una bujÃa. A menudo apoyaba ambos brazos en la madera, y ya cansado, comÃa mi pan con manteca. Las agujereadas cortinas se hinchaban bajo el cálido viento, y muchas veces alguno que pasaba por afuera las sujetaba con la mano, como si quisiera verme mejor y hablar conmigo. Generalmente la bujÃa se apagaba de golpe y en el humo oscuro de la vela seguÃan girando un rato los insectos. Si alguien me interrogaba desde la ventana, yo le miraba como se mira una montaña o el vacÃo, y tampoco a él le importaba mucho que yo le respondiera.
Pero si alguien saltaba sobre el alféizar de la ventana, y me anunciaba que los demás estaban ya frente a la casa, yo me levantaba lanzando un suspiro.
—¿Y ahora por qué suspiras? ¿Qué ha ocurrido? ¿Alguna extraña desgracia, que jamás podrá remediarse? ¿Nunca más podremos ser lo que éramos antes? Realmente, ¿todo está perdido?
Nada estaba perdido. SalÃamos corriendo de la casa.
—Gracias a Dios, por fin has llegado.
—Siempre llegas tarde.
—¿Sólo yo llego tarde?
—Tú más que los otros; quédate en tu casa si no quieres venir con nosotros.
—¡Sin cuartel!
—¿Qué? ¿Sin cuartel? ¿Qué estás diciendo?
