Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre En cualquier caso, éramos muy diferentes, y por ello muy peligrosos el uno para el otro. Si alguien hubiera calculado de antemano cómo evolucionarÃa la relación entre nosotros, entre el niño de lento desarrollo y el hombre ya hecho y derecho, seguramente habrÃa concluido que acabarÃas aplastándome en algún momento, que no quedarÃa nada de mÃ. Pues bien, eso no ha sucedido, ya que la vida no se pliega a los cálculos, pero quizá ha sucedido algo peor. Y te ruego una vez más que no olvides que en ningún momento te considero culpable ni por asomo. Has ejercido sobre mà la influencia que tenÃas que ejercer; sólo te pido que dejes de interpretar como una singular maldad por mi parte el hecho de que sucumbiera a ella. Fui un niño miedoso, aunque no por ello menos tozudo, como todos los niños, y reconozco que mi madre me mal criaba; pero lo que no puedo creer es que fuera un niño difÃcil de manejar, no puedo creer que con una palabra amable, con una mirada benévola o cogiéndome plácidamente de la mano no se pudiese obtener de mà todo lo que se quisiera. Pues bien, tú eres, desde luego, en el fondo una persona bondadosa y tierna (lo que expongo a continuación no lo desmiente, pues me refiero sólo al modo en que influiste sobre mà de niño), pero no todos los niños tienen la perseverancia y el temple necesarios para escarbar hasta dar con la bondad. Tú sólo puedes tratar a un niño como te trataron a ti: por medio de la fuerza, el ruido y la ira[942]. En mi caso, además, estos medios te parecÃan los más idóneos, ya que pretendÃas hacer de mà un muchacho fuerte y animoso.