Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Compáranos: yo, para expresarlo muy sintéticamente, soy un Löwy con un cierto trasfondo de los Kafka[939], pero, a diferencia de éstos, no me muevo impulsado por la voluntad de vida, negocio y conquista, sino por el aguijón de los Löwy, que actúa más secretamente, más tÃmidamente, en otra dirección, y muchas veces simplemente se esconde. Tú, en cambio, eres un Kafka de la cabeza a los pies, un hombre fuerte, sano, con buen apetito, vozarrón, elocuencia, autoestima, que se sabe superior a quienes lo rodean, dotado de perseverancia, presencia de ánimo, habilidad en el trato con la gente y una cierta generosidad, y por supuesto también de todas las faltas y debilidades que acompañan a esas virtudes, y en las que te sumerges impulsado por tu temperamento y a veces por tu ira. Quizá no eres completamente Kafka en lo que respecta a tu visión general del mundo; lo deduzco al compararte con los tÃos Philip, Ludwig o Heinrich[940]. Es extraño, esto tampoco acabo de entenderlo. Todos ellos eran más alegres, espontáneos y desenvueltos, menos complicados y severos que tú. (En eso, por cierto, si soy digno heredero tuyo, y he sabido administrar bien la herencia, aunque careciendo de los necesarios contrapesos que tú sà tienes.) Por otro lado, en ese aspecto has pasado por épocas distintas, quizá eras más alegre antes de que tus hijos, y en particular yo, te decepcionasen y te deprimiesen (en casa, ya que si venÃa gente de fuera, eras muy distinto), y ahora quizá has recobrado una parte de tu alegrÃa, al encontrar en tus nietos y tu yerno algo de ese cariño que tus hijos, a excepción quizá de Valli, no han sabido darte[941].