Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Quizá se entenderá mejor mi situación de entonces si se la compara con la actual de Felix. A él lo tratas de un modo parecido, es más, utilizas contra él un recurso educativo particularmente temible: por ejemplo, cuando al comer hace algo que tú consideras sucio, no te contentas con decirle, como me decÃas a mÃ: «Eres un marrano», sino que además añades: «un Hermann de la cabeza a los pies» o «igual que tu padre». Sin embargo, eso no le causa quizá —más que «quizá» no se puede decir— un daño sustancial, ya que para él no eres más que un abuelo, especialmente importante, eso sÃ, pero no lo eres todo, como lo eras para mÃ; además, Felix tiene un carácter sosegado, que ya empieza a ser varonil de algún modo, y tus rugidos quizá puedan sorprenderle, pero no marcarlo de modo duradero. Con todo, la diferencia más importante es que, en comparación conmigo, no pasa mucho tiempo a tu lado, y además está sujeto a otras influencias: para él eres más bien un ser entrañablemente curioso del que puede seleccionar lo que más le interese. Para mà tú no eras una curiosidad; yo no podÃa escoger, tenÃa que quedarme con todo.