Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre También es verdad que prácticamente nunca me has pegado de verdad. Pero tus gritos, tu cara enrojecida, tu costumbre de quitarte a toda prisa los tirantes y dejarlos a mano en el respaldo de la silla, para mà eran casi peores. Es como cuando llevan a alguien al patÃbulo. Si de verdad lo ahorcan, morirá y todo habrá acabado. Pero si se ve obligado a presenciar los preparativos de la ejecución y la noticia del indulto le llega cuando el lazo cuelga ya delante de su cara, puede ser que quede marcado para toda la vida. Además, la suma de todos esos episodios en los que, según expresabas sin empacho, yo habrÃa merecido una paliza, pero me libraba de ella por los pelos, gracias a tu clemencia, me aportaba nuevas y abundantes dosis de sentimiento de culpa. Cualquiera que fuese el ángulo escogido, yo aparecÃa como el culpable ante ti.