Diarios & Carta al padre

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Si quería huir de ti, tenía que huir también de la familia, incluso de mamá. En ella se podía encontrar refugio, pero sólo en lo tocante a ti. Te quería demasiado, y su lealtad y sumisión hacia tu persona pesaban demasiado para permitirle erigirse a la larga en una fuerza psicológica independiente capaz de desempeñar un papel en la lucha del niño. Ahí acertó mi instinto infantil, puesto que, con los años, mamá se fue poniendo cada vez más de tu parte; por más que siempre, en lo tocante a ella misma, preservara su ínfima independencia con elegancia y ternura, sin llegar nunca a ofenderte de veras, con el tiempo ha ido haciendo suyos cada vez más ciegamente —más con los sentimientos que con la inteligencia— tus juicios y sentencias acerca de vuestros hijos, en especial en el caso, desde luego difícil, de Ottla. Por supuesto, no hay que olvidar en ningún momento lo penoso y extremadamente agotador que ha sido el papel de mamá en el seno de la familia. Se ha dejado la piel en la tienda y en la casa, ha sufrido por partida doble todas las enfermedades de la familia, pero lo que más la ha hecho sufrir, con diferencia, ha sido su papel de intermediaria entre nosotros y tú. En todos los demás aspectos la has tratado siempre con amor y consideración, pero en ése le has demostrado tan poco respeto como a nosotros. Entre todos, tú por tu lado y nosotros por el nuestro, la hemos vapuleado sin contemplaciones. Era una manera de distraerse, no lo hacíamos con mala intención, pensábamos únicamente en la lucha que tú mantenías con nosotros y nosotros contigo, y nos desahogábamos con mamá. Tampoco resultó muy educativo para nosotros el hecho de que la atormentaras por nuestra causa, naturalmente sin ninguna culpa por tu parte. Aquello incluso parecía justificar nuestro comportamiento para con ella, injustificable de otro modo. Cuánto la hemos hecho sufrir, tanto por ti como por nosotros, y eso sin contar los casos en los que tenías razón, porque ella nos malcriaba, a pesar de que ese «malcriar» no fuera a veces más que una callada e inconsciente muestra de discrepancia hacia tu sistema. Por supuesto que mamá no habría podido soportar todo eso si el amor que siente por todos nosotros y el gozo que ese amor le produce no le hubieran infundido las fuerzas necesarias.


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