Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Si uno se detiene ante un libro de cartas o de memorias, sin que importe de quién sea, en este caso Karl Stauffer— Bern, y no absorbe en sà con su propia fuerza a ese hombre, pues para hacer eso se requiere ya arte, y el arte se satisface a sà mismo, sino que, entregado a él —eso le ocurre pronto al que no opone resistencia—, se deja arrastrar por el hombre extraño que tiene ante sà y se convierte en pariente suyo, entonces no tiene nada de extraño el que uno, al retornar a sà mismo en el momento de cerrar el libro, vuelva, tras esa excursión y ese solaz, a sentirse más a gusto en su propio ser, un ser vuelto a conocer, vuelto a remover, contemplado por un instante desde lejos, y se quede con la cabeza más despejada.
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10 de diciembre [de 1911], domingo. Tengo que ir a visitar a mi hermana y a su bebé. Anteayer cuando mi madre volvió a la una de la noche de casa de mi hermana con la noticia del nacimiento de la criatura, mi padre recorrió el piso entero en camisón, abrió todas las habitaciones, me despertó a mÃ, a la criada y a mis hermanas y nos anunció el nacimiento de tal forma que era como si el niño no acabara de nacer, sino que ya hubiese vivido una vida honorable y tenido un entierro como es debido.
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