Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre Si a una cultura desordenada, dotada sólo de la mínima cohesión imprescindible para su mera, insegura existencia, se la incita de repente a realizar tareas con un límite de tiempo y, por lo mismo, necesariamente enérgicas, a desarrollarse, a hablar, lo único que se obtiene es una respuesta amarga en la que se mezclan el orgullo por lo conseguido, que sólo puede soportarse recurriendo a todas las fuerzas no ejercitadas, una pequeña mirada retrospectiva al saber, que huye sorprendido y que es de una movilidad especialmente ligera porque era más barruntado que asentado, y, finalmente, el odio y la admiración del entorno.
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