Diarios & Carta al padre

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🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Al verlo imaginé las fatigas a las que por mi causa se había sometido y que ahora —quizá tan sólo porque estaba cansado— le daban aquella seguridad. ¿No habría bastado otro pequeño esfuerzo, y entonces habría salido bien el engaño, quizá incluso todavía podía salir bien? ¿Es que yo me defendía? Sí, yo permanecía obstinadamente allí delante de la casa, pero con igual obstinación vacilaba en subir. ¿Estaba aguardando a que los invitados viniesen a recogerme con cánticos?

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15 de agosto de 1911. La temporada que ahora ha concluido, y durante la cual no he escrito ni una sola palabra, ha sido importante para mí porque en las escuelas de natación de Praga, Kónigssaal y Czernoschitz he dejado de avergonzarme de mi cuerpo. Muy tarde subsano, a mis veintiocho años, los defectos de mi educación; si esto fuera una carrera, se podría decir que soy un rezagado. Y el daño causado por esa desgracia no consiste acaso en no ganar; esto último es tan sólo el núcleo todavía visible, claro, sano, de la desgracia que se difunde por todas partes y se vuelve ilimitada, la desgracia que lo empuja a uno al interior del círculo al que en otras circunstancias debería dar la vuelta. Por lo demás, durante esta temporada, que también ha sido dichosa en pequeña parte, también he observado en mí otras muchas cosas y en los próximos días intentaré escribirlas.


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