Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre _______
20.VIII 1911. Tengo la desdichada creencia de que me falta tiempo para poder escribir algo bueno, pues realmente no tengo tiempo de dispersarme por todos los puntos cardinales como debería hacer para escribir una historia. Pero luego vuelvo a creer que mi viaje resultará mejor, que captaré mejor las cosas si me relajo escribiendo un poco, así que vuelvo a intentarlo.
Al verlo imaginé las fatigas a las que por mi causa se había sometido y que ahora, quizá tan sólo porque estaba cansado, le daban aquella seguridad. ¿No habría bastado otro pequeño esfuerzo, y entonces habría salido bien el engaño, quizá incluso todavía podía salir bien? ¿Es que yo me defendía? Sí, yo permanecía obstinadamente allí delante de la casa, pero con igual obstinación vacilaba en subir. ¿Estaba aguardando a que los invitados viniesen a recogerme con cánticos?
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He leído sobre Dickens[19]. Es tan difícil de comprender, y puede acaso un profano comprender cómo uno vive dentro de sí una historia desde su comienzo, desde aquel punto lejano, hasta la locomotora que se acerca, toda acero, carbón y vapor, y ni siquiera ahora la deja, sino que quiere que ella lo persiga, y tiene tiempo para eso, es decir, ella lo persigue, y él corre por su propio impulso delante de ella, empuje ella hacia donde empuje, y la atraiga uno hacia donde la atraiga.