Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre 26 de agosto [de 1911]. Mañana salgo hacia Italia[20]. Esta noche mi padre era incapaz de dormirse por culpa de los nervios, pues lo devoraban la preocupación por el negocio y la enfermedad que eso le ha provocado. Un paño húmedo a la altura del corazón, náuseas, falta de aire, ir y venir entre suspiros. Mi madre, en su angustia, encuentra nuevos consuelos. Le dice que siempre ha sido tan enérgico, que siempre ha salido bien de todo, y ahora… Yo digo que los apuros con el negocio no pueden durar más de tres meses, que luego todo se arreglará por fuerza. Él anda de aquà para allá suspirando y meneando la cabeza. Está claro que, desde su punto de vista, nosotros no le quitamos sus preocupaciones, ni siquiera se las aliviamos, pero la verdad es que desde nuestro punto de vista tampoco, incluso en nuestra mejor voluntad hay un rastro de ese convencimiento tan triste de que él debe preocuparse por su familia. — Más tarde pensé: Está acostado con mi madre, que se apriete contra ella, la carne cercana, familiar, tiene que tranquilizar. — Bostezando continuamente o hurgándose la nariz, cosa que por lo demás no resulta especialmente repugnante, mi padre produce un apaciguamiento del estado en que se encuentra, un apaciguamiento pequeño, que apenas llega a la consciencia, aunque en general no hace esas cosas cuando está bien. Ottla[21] me lo ha confirmado. — Mi pobre madre quiere ir mañana a suplicarle al dueño de la casa.