Diarios & Carta al padre
Diarios & Carta al padre «Será el mejor castigo. Haré que lo publiquen en el Deutsches Abendblatt. Allí sí que me lo aceptarán; eso no me preocupa. Sencillamente, no pediré que me lo paguen.»
Después hablamos de su talento como actor. Expreso mi opinión de que, a pesar de todo, debería tomar clases. «Sí, en eso tiene usted razón. Pero ¿dónde? ¿Sabe usted dónde se aprenden esas cosas?» Yo digo: Es difícil. No estoy al tanto. Él: No importa. Le preguntaré a ese Kisch. Es periodista y está bien relacionado. Me aconsejará bien. Sencillamente, le telefonearé, así me evito a mí y a él el desplazamiento y me entero de todo.
Y con la señora Durège, ¿hará usted lo que le he aconsejado?
«Sí, sólo que lo he olvidado; ¿qué es lo que me ha aconsejado?» Repito mi consejo.
«Bien, eso es lo que haré.» Él se va al café Corso[305], yo, a casa, con la experiencia de lo muy refrescante que resulta hablar con un loco de remate. Casi no me reí, sólo permanecí completamente despierto.
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El melancólico vormals [‘antaño’], usado únicamente en los rótulos de las tiendas.
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